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Masacre de Katyn

Conoce como el marxismo satánico al mando de José Stalin ordeno el exterminio sistemático de la clase intelectual polaca al inicio de la Segunda Guerra Mundial











Entre abril y mayo de 1940, los comunistas soviéticos asesinaron a miles de oficiales polacos en Katyn. Además a muchos sacerdotes, profesores... 22.000 ciudadanos polacos fueron asesinados y ocultados en fosas comunes. 

Objetivo: el exterminio de la élite o "intelligentzia" polaca = GENOCIDIO 

Entre abril y mayo de 1940, los comunistas soviéticos asesinaron a miles de oficiales polacos en Katyn. Además a muchos sacerdotes, profesores... 22.000 ciudadanos polacos fueron asesinados y ocultados en fosas comunes. La élite cultural y espiritual de una futura Polonia -por cuya libertad dicen que comenzó la Segunda Guerra Mundial, pero que sería entregada a Stalin- fue exterminada. Un claro delito de genocidio. 

En 1943, los alemanes descubrieron el inenarrable horror y llamaron a expertos de todo el mundo. 

Los comunistas habían usado balas alemanas vendidas por la República de Weimar a los bolcheviques para intentar implicar a los alemanes. Pero se les olvidó algo: los asesinatos habían tenido lugar en un territorio ocupado por los comunistas en abril-mayo de 1940... 

Difunde esta información y reza una oración por las almas de estos mártires del odio comunista a los pueblos trabajadores y tradicionales de toda la Tierra. 



http://www.librodearena.com/post/hayek/no-olvidemos-katyn/40972/5850#comentarios

Durante el reparto de Polonia
Durante la invasión soviética a Polonia en 1939, unos 14500 oficiales polacos fueron capturados e internados en tres campos de concentración en la Unión Soviética. Posteriormente, entre los meses de Abril y Mayo de 1940, durante cinco semanas, la NKVD estuvo transportando prisioneros polacos desde campos de concentración en Starobielsk, Kozelsk y Ostashkow hacia un lugar en la carretera Smolensk-Vitebsk. La orden directa de Stalin era eliminar a los prisioneros.
Capas de cadáveres en una de las fosas
Revista Signal: Luego de retirar tres capas de cadáveres
La Colina de las Cabras
para asegurarse que no hubiera testigos, la policía seleccionó un centro de 1 Km2 rodeado de espesa arboleda que se encontraba a 2 Kms de distancia de la granja más cercana. El camino fue cerrado y se prohibió transitar por las inmediaciones. En ese lugar fueron asesinados 4143 oficiales polacos quienes fueron llevados a razón de una centena por día. Los cuerpos fueron sistemáticamente enterrados en fosas comunes, apilados a razón de unos 500 cadáveres por fosa. Sin embargo, a pesar del cuidado que tuvo la policía para evitar dejar rastros y testigos, cometieron un gran error: muchos de los cuerpos fueron enterrados sin quitarles sus pertenencias, posiblemente debido a la premura con que se efectuaban las ejecuciones.
Desaparecidos en 1941
El 14 de Noviembre de 1941, el embajador polaco en Moscú Jan Jot, logró hablar con Stalin exponiéndole que a comienzos de 1940 habían sido transferidos 40 mil oficiales polacos de los campos de concentración de Starobielsk y Kozelsk a otros centros desconocidos y que no se conocía el paradero de esos hombres. En 1942, unas brigadas de la Organización Todt que trabajaban en la zona de Katyn, tuvieron noticia por un campesino de la zona, que entre las estaciones de Katyn y Gnesdowo se encontraban unas tumbas. Las brigadas excavaron en el lugar señalado y encontraron restos humanos, pero volvieron a cubrir los restos y colocaron en el lugar una cruz con ramas de abedul.
Profesor Orsós de Budapest
El Prof. Orsós (Hungría) en plena autopsia ante testigos polacos.
Cuando Alemania invade la URSS
Después de la Operación Barbarossa en 1941 y cuando la Batalla de Smolensk terminó, la zona quedó en manos alemanas. Luego de la limpieza del bosque y cuando las fuerzas de ocupación tenían totalmente asegurada la zona, no había razones para revisarla nuevamente. Probablemente, nunca se hubieran hallado las fosas que ocultaban el crimen en masa, de no ser por un hecho fortuito que rebelaría uno de los crímenes de guerra más sonados del siglo 20.
Gracias a unos lobos...
A comienzos de ese año, una jauría de lobos, que azotaba la zona, era rastreada por un oficial subalterno del Regimiento de Transmisiones 537, estacionado en el Bosque de Katyn en Rusia. En su búsqueda, se tropezó con lo que parecía una parte escarbada del terreno, al lado de una cruz hecha con ramas de árbol. En los alrededores había huesos. Reportó el hallazgo a sus superiores, quienes enviaron una patrulla que incluía al médico de la unidad. El médico, confirmó que se trataba de huesos humanos. Para identificar los restos, se hicieron investigaciones con personal médico del Grupo de Ejércitos Centro, quienes realizaron excavaciones en los alrededores de lo que parecía una fosa común y confirmaban que se trataba de osamentas humanas. Se encontraron más huesos, correspondientes a varios cadáveres, lo que obligó a extender la búsqueda. Lo que hallaron fue espeluznante. Se trataba de enormes fosas con miles de cadáveres apilados, todos con uniformes polacos, con insignias y medallas, pero sin anillos ni relojes.
Profesor Hajék de Praga
Médico checo retirando la ropa de un cadáver.
Investigaciones
Al lugar fueron enviados médicos forenses alemanes y polacos, grupo al que más tarde se unieron prestigiosos profesionales de varios países, para formaron un equipo de investigación dirigido por la Cruz Roja Polaca. Su misión era, elevar un informe completo sobre lo sucedido en la zona.
Autopsias
Después de desenterrar todos los cadáveres y hacerles la autopsia, se contabilizó un total de 4143 oficiales y profesionales polacos y se determinó, que eran los cadáveres de prisioneros procedentes de campos de concentración soviéticos, cuya población, a partir de un traslado, habían sido declarados desaparecidos. Las autoridades polacas, que participaron en las investigaciones, confirmaron que había suficientes evidencias que determinaban que los soviéticos fueron quienes cometieron el asesinato de todos los militares y civiles.
identificación de una victima
Un oficial médico alemán identifica una víctima
Polacos en el exilio protestan
Los polacos exilados en la capital británica recibieron la ratificación del hallazgo y de las cifras. El Primer Ministro polaco, Sikorski, se reunió con Churchill y le manifestó que las evidencias encontradas sindicaban, irrefutablemente, a los aliados soviéticos como los culpables del crimen en masa.
Churchill protege a su aliado
Churchill hizo lo posible por evitar una confrontación entre los aliados, manifestándole al Primer Ministro que mejor era olvidar el asunto, en vista que nada le devolvería la vida a los oficiales asesinados. Por su lado el Ministro de Asuntos Exteriores Anthony Eden informó al gobierno británico el día 19 de Abril, que hizo lo posible para culpar a los alemanes, quienes habrían hecho todo un montaje para enemistar a los aliados. No logró engañar a nadie; las pruebas eran demasiado evidentes para ser fraguadas.
Oficiales aliado comisionados por el gobierno polaco
Oficiales canadienses, ingleses y estadounidenses comisionados por el gobierno polaco, junto a oficiales alemanes inspeccionando los restos.
Acusaciones de parte y parte
Los polacos pidieron una investigación por un equipo internacional, mientras el Kremlin acusaba a los servicios de propaganda alemanes. El gobierno soviético acusó de mentirosos a los polacos exiliados en Londres y ratificaba sus acusaciones contra los alemanes. Por coincidencia, en esos días, el Primer Ministro Sikorski murió en un accidente de aviación que ocurrió en Gibraltar, desapareciendo el hombre que incansablemente se esforzaba por conseguir que se abriera una investigación y se castigara a los culpables.
Británicos acusan a Alemania
Churchill hizo lo imposible por apaciguar a sus aliados, pero no lo logró, ante la cantidad de evidencias presentadas por los propios polacos. El día 26, los soviéticos rompieron relaciones con el gobierno polaco en el exilio. En vista de las circunstancias, el gobierno británico descargó de culpas a su aliado soviético. Anthony Eden se presentó en la Cámara Baja, el 4 de Mayo, y dijo que el gobierno británico cargaría, la culpa de lo sucedido al enemigo común, es decir Alemania. El Ministro de Asuntos Exteriores añadió, "que deploraba el cinismo con que el gobierno alemán acusaba a la Unión Soviética, con el velado propósito de romper la unidad entre los aliados."
Fotos de craneos abaleados
Casi todos los cráneos presentaban agujeros de bala.
Evidencias irrefutables
Dentro de las evidencias encontradas, se hallaron los uniformes con sus insignias e identificaciones, condecoraciones, objetos personales, diarios, cartas, periódicos, fotografías, es decir todo lo que cualquier soldado lleva encima. En el lugar se encontraron casquillos percutados y de los cadáveres fueron extraídas balas. Los casquillos y las balas eran de fabricación alemana. Goebbels escribió en su diario, que lamentablemente se habían encontrado balas procedentes de la fábrica Genschow de Karlsruhe-Durlach y -él mismo se preguntó- si las balas fueron usadas por los soviéticos para involucrar a Alemania o si fueron parte de las ventas de armamento a los países bálticos en cumplimiento del acuerdo de Rapallo. Posteriores investigaciones confirmaron que se trataba de las municiones vendidas a los soviéticos y que formaban parte del parque regular de sus fuerzas armadas.
Municiones alemanas encontradas en las fosas.
Balas alemanas extraídas de los cuerpos y casquillos percutados.
El turno soviético
Cuando la URSS recupera sus territorios ocupados, inmediatamente vuelven a exhumar los cadáveres y emiten informes probatorios de los "verdaderos autores de la masacre" es decir las fuerzas armadas alemanas. Para entonces, como se supo más tarde, no había un político británico que creyera remotamente en la culpabilidad alemana, aunque públicamente manifestaran el descargo de culpa del aliado soviético.
Padre católico Zielkoski
Prendas del padre Zielkoski revelan su identidad

Pertenencias del padre Zielkoski
Pertenencias del padre Zielkoski
La patraña en Nuremberg
Durante el juicio de Nuremberg se intentó, bajo presión soviética y la indiferencia cómplice británica, de investigar y acusar a los "culpables" alemanes del crimen en masa de Katyn. Incluso se pretendió incriminar a oficiales superiores incluso generales, que no habían sido incriminados en otros supuestos actos criminales.
Por los archivos del juicio, en virtud de los Estatutos de Nuremberg según los cuales los informes de las comisiones de encuestas aliadas tenían el valor de prueba, el informe soviético sobre Katyn, acusando a los alemanes de la matanza de 11.000 militares y civiles polacos fue aceptado por los vencedores como prueba auténtica, indiscutible, el 8 de agosto de 1945.
Finalmente, no hubo pruebas suficientes y la causa fue sobreseída
Manos atadas de un prisionero

Epílogo
En 1989, después del colapso de la Unión Soviética, el Primer Ministro Gorbachov admitió, que la NKVD había ejecutado a los polacos y confirmaba la existencia de otros dos lugares más de ejecución similares, donde siguiendo las órdenes de Stalin, en Marzo de 1940, la NKVD había dado muerte a 25.700 polacos, incluyendo los encontrados en Katyn.
En Mayo de 1992, en un bosque cerca de Kharkov, investigadores privados rusos descubrieron una fosa común conteniendo 3.891 cuerpos de oficiales polacos procedentes del campo de Starobielsk en Ukrania. En Junio de ese año, autoridades rusas descubrieron 30 fosas comunes en Miednoje, 100 millas al noroeste de Moscú. Contenían los restantes 6287 prisioneros polacos del campo en la isla Ostashkov en el Lago Seliguer.
Antes de la masacre de 1940, 245 oficiales de Kozielsk, 79 de Starobielsk y 124 del campo de Ostashkor, fueron transferidos, por razones no aparentes, al campo de Pavlishchev Bor, a cien millas al noroeste del campo de Kozielsk. Esos 448 oficiales fueron los únicos supervivientes de la masacre de Katyn. En otros lugares del bosque de Katyn se encontraron otras tumbas, conteniendo cuerpos de políticos rusos prisioneros quienes fueron ejecutados por la NKVD antes de la guerra. Parece ser que el Bosque de Katyn fue el lugar principal de ejecuciones de la NKVD de Stalin. -Nota: No confundir Katyn, cerca a Smolensk, con Kathyn cerca a Minsk, donde existen otras fosas comunes de crímenes distintos.
El 13 de Abril de 1990, cincuenta años después de la masacre, Boris Yeltsin oficialmente admitió la responsabilidad de la Unión Soviética en el crimen de Katyn y el 14 de Octubre de 1992, envió al presidente polaco Lech Walesa los archivos secretos del caso.

Bibliografía

The Crime of Katyn: Facts and Documents, 5th edition. Polish Cultural Foundation, London 1989.
"The Katyn Massacre; an assessment of its significance as a public and historical issue in the United States and Great Britain, 1940-1993", Louis Robert Coatney, 1993.
Katyn. The untold story of Stalin's Polish Massacre, Allen Paul, Charles Scribner's Sons, Macmillan Publishing Company, 866 Third Avenue, New York, NY 10022, 1991
Revista Signal, Edición quincenal 12 en alemán, del año 1943. Nota: Hay dos versiones de esta edición. Probablemente se reimprimió la edición al conocerse la noticia de Katyn.
Katyn Forest Massacre (http://www.geocities.com/Athens/troy/1791/)

Masacre de Katyn

La Masacre de Katyn, también conocida como la Masacre del bosque de Katyn, fue la ejecución en masa de ciudadanos polacos (muchos de ellos oficiales del ejército, hechos prisioneros de guerra) por la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial.

Contenido

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Historia

El 13 de Abril de 1943, Radio Berlín emitió una noticia que dio vuelta el mundo y causó gran impresión en Occidente. En las cercanías deSmolensk, en el Bosque de Katyn, se habían encontrado 10.000 oficiales polacos asesinados por los soviéticos entre Febrero y Marzo de 1940. La U.R.S.S. negó enérgicamente los hechos y conjunto a los Aliados Occidentales culparon al III Reich. Sin embargo, el informe que emitió la Cruz Roja Internacional fue contundente y no dejó lugar a dudas: los asesinatos fueron cometidos por el Ejército Rojo.
Esto sucedió, ya que después de la Invasión Soviética de Polonia, en donde Stalin, procuró ocupar los territorios acordados en el Pacto Ribbentrop-Molotov, los numerosos prisioneros polacos pasaron en calidad de detenidos a los campos de internamiento de Ostashkov, Starobielsk, Kozielsk, y otros siete más que estaban habilitados para ellos. Muchos prisioneros eran militares, pero además se encontraban activitas del nacionalismo polaco, funcionarios del gobierno y toda la élite religiosa y cultural. El gobierno soviético los consideró a todos por igual como "contrarrevoucionarios" y "rebeldes" a los gobiernos de Ucrania y Bielorusia Occidental. Cabe destacar además que la invasión soviética fue sin declaración previa de hostilidades, debido a la misma causa. Todos los detenidos sucumbieron bajo las balas de la NKVD(sigla para el Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos; la policía secreta soviética). Fueron asesinados en total unos 22.000 polacos de los cuales, 15.000 eran militares y el resto pertenecía a la élite intelectual, cultural, política y religiosa.

Tecnología de la masacre

Hasta el 99% de los prisioneros restantes fueron asesinados posteriormente. Las personas de Kozielsk lo fueron en el lugar habitual de ejecuciones en masa de Smolensko, llamado el bosque de Katyn. Las de Starobielsk, dentro de la prisión del NKVD de Járkov y los cuerpos fueron enterrados cerca de Pyatikhatki. Los oficiales de policía de Ostashkov fueron asesinados en la prisión del NKVD de Kalinin (Tver) y enterrados en Miednoje.
Durante la vista de Dimitrii S. Tokarev, anterior jefe de la Junta del Distrito del NKVD en Kalinin, se ofreció información detallada acerca de las ejecuciones en la prisión del NKVD de Kalinin.
De acuerdo con Tokarev, los fusilamientos empezaban por la tarde y terminaban al amanecer. El primer transporte, el 4 de abril de 1940, trajo 390 personas, y los verdugos se encontraron con un trabajo duro por tener que matar a tantas personas en una sola noche. Los siguientes transportes no trajeron más de 250 personas. Las ejecuciones fueron realizadas con pistolas tipo Walther de fabricación alemana suministradas por Moscú.
Las ejecuciones fueron metódicas. Después de revisar la información personal del condenado, éste era esposado y llevado a una celda aislada. Los sonidos de las ejecuciones eran enmascarados con máquinas ruidosas (tal vez ventiladores) durante la noche. Tras ser metida en la celda, se disparaba inmediatamente a la nuca de la víctima. Su cuerpo era sacado por la puerta de enfrente y depositado en uno de los cinco o seis vagones que esperaban, de donde era cogido el siguiente condenado. El procedimiento se desarrollaba cada noche, excepto en la fiesta del 1 de mayo.
Cerca de Smolensk, los polacos, con sus manos atadas a la espalda, eran conducidos a las fosas y matados con un tiro en la nuca.

Negar la masacre

La Unión Soviética negó sistemáticamente su participación en los hechos. Este hecho llevó al Gobierno Polaco en el Exilio en Londres a romper las relaciones diplomáticas con la U.R.S.S.; esta aprovechó para reconocer a un nuevo Gobierno en el Exilio Polaco de corte comunista (la Liga de Patriotas polacos o Z.Z.P.), con miembros como Wanda Wasilwska y Zygmunt Berling.
Recién en la década de 1990, el gobierno ruso de Boris Yeltsin puso a disposición del gobierno polaco de Lech Walesa la documentación que certificaba las matanzas. Cuando estos archivos fueron subidos a internet para que el Mundo pudiera verlos, la página se saturó, lo que denota, la importancia para el Mundo Occidental, de otro crimen más ocurrido por el Comunismo.
Este hecho influye hasta ahora en las relaciones entre Polonia y Rusia. En noviembre del 2010 el Parlamento Ruso aprobó una resolución mediante la cual reconoce que fue Stalin quien ordenó la matanza de Katyn.

Artículo de opinión

Historia selectiva (Katyn - In Memoriam) por Denes Martos

Uno de los mantras favoritos de los ideólogos políticamente correctos, es el de la memoria. Se nos dice que no debemos olvidar. A veces hasta se dice "ni olvido ni perdón", con lo cual la memoria se vuelve funcional a la venganza escondida bajo la toga de la justicia. Se nos dice que los pueblos deben "hacerse cargo" de su pasado; eufemismo por no decir que las actuales generaciones deben sentirse culpables por lo que hicieron las generaciones anteriores y deben pagar por lo que hicieron sus antepasados. En ocasiones literalmente y no sumas baladíes para ser precisos.
La manía de levantar monumentos a la memoria nos está denegando el derecho al olvido; un derecho que se reclama cada vez más en las redes sociales informáticas para borrar traspiés juveniles y anécdotas embarazosas pero que se considera inadmisible cuando se trata de hechos históricos.
Y hay una enorme hipocresía en todo esto porque la memoria del ser humano es siempre, necesariamente, selectiva. Ni siquiera en nuestras particulares historias personales recordamos todo. Olvidamos por de pronto lo intrascendente. Pero también a veces preferimos olvidar lo desagradable una vez que lo hemos superado. Sabemos que no tiene sentido flagelarnos con fracasos o errores una vez que los mismos ya son cosa del pasado, la lección fue aprendida y la vida ha continuado. También tenemos la tendencia a embellecer vivencias pasadas y, aunque sepamos que no es tan cierto, siempre nos queda de alguna manera la sensación de que el tiempo pasado fue mejor. Por lo menos, muchas veces lo recordamos como mejor de lo que fue.
Y es humano que así sea. Por un lado nuestra memoria tiene una capacidad limitada por lo que forzosamente debemos elegir qué guardar y qué desechar. Por el otro lado, una vez aprendida la lección y extraídas las conclusiones pertinentes, no tiene ningún sentido alimentar nuestro masoquismo cargando la mochila cotidiana con la culpa por algo que, de cualquier manera que sea, ya no tiene remedio. Olvidar es humano. Prohibirlo en cuanto a los acontecimientos históricos es convertir la Historia en inhumana. No por nada hace ya unos cuantos años Humberto Eco se preguntaba "¿Quién se acuerda de Calpurnia, la mujer de Julio César?" para agregar después: "recordarlo todo es de idiotas: no se puede recordar demasiado".
La "Memoria" que nos quieren inculcar las Historias oficiales también es necesariamente selectiva. Por de pronto, en la gran mayoría de los casos esas Historias no contienen los hechos objetivamente relevantes sino aquellos hechos que el historiador consideró relevantes. Y en no pocos casos se subrayan con trazo grueso aquellos hechos que el historiador, sea por los motivos que fueren, desearía presentar como relevantes.
Con ello, la Historia, la verdadera, queda arrumbada, repleta de historias escamoteadas que en el mejor de los casos solo conocen los eruditos y los especialistas. Y es una verdadera lástima. Porque muchas de esas historias escamoteadas encierran lecciones que haríamos bien en aprender.
Permítanme contarles una de esas historias.
En 1939 el conde Galeazzo Ciano, en ese momento Ministro de Relaciones Exteriores de Italia, fue el primero en escuchar de boca de Hitler que la Unión Soviética y Alemania estaban cerca de llegar a un acuerdo para resolver de común acuerdo los problemas de Europa Oriental. El 10 de marzo de ese mismo año la radio soviética transmitió algo casi increíble: el propio Stalin en persona pronunció un largo discurso en el cual se dedicó a tratar de demostrar con profusión de argumentos que existirían muchas similitudes entre el nacionalsocialismo alemán y el comunismo ruso. La vieja guardia bolchevique debe haberlo escuchado con la boca abierta sin animarse a dar crédito a lo que estaba oyendo.
Stalin, por supuesto, sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Tenía ante la vista el mapa de 1795 cuando Polonia (o más exactamente la Mancomunidad Polaco-Lituana) fue literalmente borrada del mapa y su territorio repartido entre Rusia, Prusia y Austria para volver a constituirse como país internacionalmente reconocido recién después de la Primera Guerra Mundial a consecuencia del Tratado de Versalles.
Hitler, por supuesto, también había hecho sus cálculos. De lo que estaba seguro era de que ni los británicos ni los franceses se entusiasmarían con la idea de enviar sus tropas a morir en Polonia. Y Polonia era justamente lo que Hitler tenía en la mira. O por lo menos aquellas partes de Polonia que, luego de la Primera Guerra Mundial, las potencias vencedoras le habían quitado a Alemania en virtud del mismo Tratado de Versalles.
Relativamente pocos días después de su sorprendente discurso del 10 de Marzo, el 3 de Mayo de 1939, Stalin despidió a su Comisario de Relaciones Exteriores, Maxim Litvinov, hijo de una adinerada familia judía de Bialystok, y lo suplantó por el ruso Vyacheslav Molotov, "el mejor funcionario de toda Rusia", según la opinión, en su momento, del propio Lenin. Seguramente Stalin consideró que no era precisamente buena idea enviar a un judío a negociar un acuerdo con Joachim von Ribbentrop, el Ministro de Relaciones Exteriores de Hitler. Así y todo, que Molotov estuviese casado desde 1921 con Polina Zhemchuzhina, hija de un sastre judío de Ucrania, fue no obstante discretamente soslayado por los alemanes en aras de unas más que obvias razones de Estado.
Así las cosas, con Hitler apuntando a expandirse hacia el Este recuperando de paso territorios perdidos y Stalin especulando con anexionarse la mitad de Polonia, el Pacto Ribbentrop-Molotov se firmó el 23 de Agosto de 1939.
A partir de allí los hechos se precipitan. Dos días después de firmarse ese Pacto, polacos e ingleses firmarían un tratado de alianza militar. Siete días después, el 1° de Septiembre de 1939, Alemania y la recientemente creada República Eslovaca invadían Polonia por el Oeste y el Sur.
Dieciséis días después, el 17 de Septiembre, a las tres de la madrugada el gobierno soviético citó al embajador polaco Waclaw Grzybowski para leerle una declaración de Molotov: "El Estado polaco ya no existe (. . .) El Ejército Rojo está cruzando la frontera polaca a fin de ofrecer su ayuda fraternal al pueblo polaco, para liberarlo de la lamentable guerra a la que se vio arrastrado por la ineptitud de sus dirigentes y para ayudarlo a obtener la paz." Mientras estas palabras le eran leídas al embajador, la URSS invadía Polonia por el Este.
Para el 6 de Octubre de 1939, Polonia había dejado de existir otra vez.
A todo esto Occidente se quedó prácticamente de brazos cruzados. Los ingleses, el 3 de Septiembre de 1939 le declararon la guerra a Alemania y anunciaron un bloqueo económico pero, a los efectos prácticos, eso fue todo. Incluso después del 17 de Septiembre, cuando la URSS hizo exactamente lo mismo que Alemania, sencillamente miraron para otro lado y se hicieron los distraídos. Tal como Hitler lo había calculado: ni los ingleses, ni los franceses, salieron a dar la vida por Polonia. El mundo asistió asombrado al espectáculo y, como siempre, la enorme mayoría no entendió nada. Algunos, 73 años después, siguen entender nada.
No obstante, el que entendió fue Stalin. Los hechos claramente indicaban que al Occidente capitalista Polonia le importaba un bledo. Consecuentemente, fiel a su consigna de que "el problema no son las cosas; el problema son las personas", se dedicó a asegurar el territorio polaco ocupado por las tropas soviéticas.
Ya en Septiembre de 1939 los soviéticos comenzaron a deportar los oficiales polacos prisioneros de guerra a Kozelsk, a Ostashkov y a Starobelsk. Las deportaciones culminaron en noviembre y finalizaron a fines de ese mes. Siguiendo expresas órdenes de Stalin, el NKVD "seleccionó" a 15.400 oficiales polacos después de interrogarlos a todos, consignar la extracción social de cada uno y anotar sus opiniones políticas. Además, junto con los militares, los soviéticos hicieron una enorme redada incluyendo a más de 6.000 civiles, intelectuales, sacerdotes, profesionales y políticos de diferentes extracciones. La "lucha de clases" encontró en el procedimiento su expresión práctica en forma fría, burocrática, eficiente y deliberada.
El 5 de Marzo de 1940, por medio de un documento firmado por la más alta jerarquía soviética se ordenó la ejecución de los internados en los campos de concentración. Y los mataron a todos. A la mayoría en los bosques de Katyn, a poca distancia de la ciudad de Smolensk, con el procedimiento favorito del NKVD y más tarde de la KGB: un balazo en la nuca. Hoy, hay 21.768 cadáveres identificados de la masacre de Katyn, a los cuales cabría agregar varios miles más ejecutados en otras partes. En la actualidad los especialistas del tema estiman que el total general de las víctimas, supera los 27.000 entre las cuales, irónicamente, hay que contabilizar casi un millar de judíos. No en vano, al comienzo de la guerra, el general Edward Smigly-Rydzk, Comandante en Jefe del ejército polaco había dicho: "Con los alemanes arriesgamos perder nuestra libertad. Con los rusos perdemos nuestras almas."
El Pacto Ribbentrop-Molotov tuvo una vida bastante efímera. Stalin, en otro giro de 180 grados, decidió ponerse esta vez del lado de los Aliados y en Junio de 1941, los alemanes avanzaron contra la Unión Soviética. En Katyn, los primeros en descubrir las fosas con miles de cadáveres fueron los propios alemanes. En 1943, anunciaron el descubrimiento de una fosa común con más de 4.000 cadáveres que la Cruz Roja, actuando con permiso del gobierno alemán, identificó como pertenecientes a oficiales polacos registrados como desaparecidos durante la ocupación soviética.
No obstante, durante medio siglo, se quiso ocultar la responsabilidad de los soviéticos echándole la culpa a los alemanes por la masacre. Y en esa operación los soviéticos contaron con el apoyo de ingleses, norteamericanos y la enorme mayor parte de la prensa occidental. El gobierno inglés se hizo casi inmediatamente eco de la argumentación soviética y culpó a los alemanes. Cuando ya en Noviembre de 1941 el teniente coronel polaco Szymanski le informó a sus superiores norteamericanos que algo terrible había sucedido con los polacos deportados, el general Strong le respondió secamente que "no se metiera en política" y cajoneó sus informes. Más tarde Roosevelt envió a George Howard Earle a investigar el caso Katyn. Earle lo hizo utilizando contactos búlgaros y rumanos llegando a la conclusión de que el culpable había sido la URSS. No obstante, Roosevelt desechó y suprimió el informe de Earle y cuando Earle le solicitó formalmente permiso para publicar sus resultados, Roosevelt le envió una nota por escrito ordenándole que no lo hiciera. Más aún, en Mayo de 1944 Roosevelt declaró: "Me he convencido completamente de que los culpables son los nazis."
Una "convicción" que sería desmentida por los hechos y por los propios rusos. Durante el Juicio de Nuremberg los soviéticos volvieron al ataque con un informe que acusaba a los alemanes de la muerte de 11.000 militares y civiles polacos. El Tribunal aceptó el informe como "prueba auténtica e indiscutible" el 8 de Agosto de 1945. Sin embargo, tuvieron que sobreseer y dejar caer el caso porque hasta en Nuremberg, en donde todo fue indiscutible, las "auténticas e indiscutibles" pruebas de los soviéticos en relación con Katyn no alcanzaron para condenar a nadie.
Finalmente, en 1989, Gorbachov admitió que había sido el NKVD, por orden de Stalin, el que había realizado las ejecuciones. Durante los años siguientes se descubrieron más fosas comunes, tanto en la zona de Katyn como en un bosque cerca de Kharkov y en Starobielsk. El 13 de Abril de 1990, cincuenta años después de la masacre, Boris Yeltsin oficialmente admitió la responsabilidad de la Unión Soviética en el crimen de Katyn y el 14 de Octubre de 1992, le envió al presidente polaco Lech Walesa los archivos secretos del caso.
Y después vinieron dos décadas durante las cuales de todo esto no se mencionó casi absolutamente nada.
La famosa "memoria" parece no funcionar para hechos como éste. ¿Cuántos de ustedes oyeron hablar de Katyn? ¿Cuántos de ustedes sabían en absoluto acerca de la existencia de Katyn? ¿Cuántos de ustedes sabían lo que realmente sucedió en Katyn? Los polacos lo saben. Lo supieron siempre.
Pero claro. Al Nuevo Orden Mundial no le importa la memoria de los polacos.
Como que tampoco le importa la memoria de otras naciones.
¿No me creen? Pongan la palabra "Holodomor" en una búsqueda de Google y después me cuentan.

Para los polacos Katyn es un símbolo de la política criminosa del sistema soviético dirigida contra la nación polaca. En las relaciones polaco-soviéticas de los años 1917-1991 Katyn constituye un apogeo. La „Masacre de Katyn" es una noción generalizada que se refiere a uno de los lugares utilizados para exterminar a los miembros de la élite dirigente de la sociedad polaca durante la Segunda Guerra Mundial, descubierto antes de los otros: un bosque de Katyn a poca distancia de Smolensk
La Masacre de Katyn es un homicidio alevoso realizado por la Unión Soviética en el que perdieron sus vidas 22 mil ciudadanos polacos, hechos prisioneros de guerra o arrestados tras la invasión del Ejército Rojo en Polonia el 17 de septiembre de 1939. A base de una orden secreta del Buró Político del Comité Central de Partido Comunista de los Bolcheviques de la Unión de 5 de marzo de 1940 se había matado, por medio de disparos en la nuca, cerca de 15 mil de los prisioneros de guerra anteriormente internados en los campos especiales de NKVD en Kozielsk, Ostashkov y Starobielsk y 7 mil presos en las cárceles en las comarcas del oeste de Bielorrusia y Ucrania, es decir anteriores terrenos orientales de Polonia, anexionados en 1939 a la Unión Soviética.
Las víctimas eran sobre todo ciudadanos importantes del estado polaco: oficiales de Fuerzas Armadas Polacas y de policía, funcionarios de administracion pública y representantes de la élite intelectual y cultural de Polonia. Murieron enterrados en tumbas masivas anónimas en por lo menos cinco lugares dentro del territorio de la Unin Soviética. Los prisioneros de tres campos especiales de NKVD fueron transportados por ferrocarril en los meses de abril y mayo de 1940 a los lugares de ejecución: Katyn (campo de Kozielsk), Kalinin (campo de Ostashkov) y Kharkov (campo de Starobielsk). Los asesinados en Kalinin (actualmente Tver) fueron soterrados en Miednoje. Otros, retenidos en los cárceles, fueron ultimados e inhumados en unos lugares ignorados hasta ahora: tan sólo se conoce dos sitios de las anteriores repúblicas soviéticas: Bielorrusa y Ucraniana (Kurapaty cerca de Minsk y Bykivnia cerca de Kiev).
Tras estallido de la guerra nazi-soviética y el establecimiento de las relaciones oficiales entre el gobierno polaco en exilio y el gobierno de la Unión Soviética en verano de 1941, las autoridades de la URSS no habían suministrado a los polacos - a pesar de sus numerosas peticiones - ninguna información relativa a los „desaparecidos". La URSS rompió la alianza en abril 1943 cuando el ejército nazi había descubierto las tumbas masivas en el bosque de Katyn y empleó el descubrimiento para ataques propagandísticos contra la URSS. Las autoridades soviéticas respondieron con la táctica de inculpar a los alemanes con el homicidio de los polacos después de la invasión nazi en aquellos terrenos en 1941. Stalin, con el pretexto de „calumnias contra la URSS" rompió las relaciones con el gobierno polaco en exilio (establecido en Londres).
Durante todo el régimen de la URSS el „asunto de Katyn" fue uno de los secretos guardados con mayor cuidado por el Kremlin. Cuando al final de la Segunda Guerra Mundial, durante los Juicios de Núremberg la Unión Soviética no consiguió inculpar con el crimen a los alemanes (pero al mismo tiempo consiguió evitar el juicio contra las culpas de la URSS), las autoridades soviéticas adoptaron, en contradicción con los hechos, la postura de „negacionismo de Katyn": la URSS no tiene nada que ver con el genocidio de los oficiales polacos, toda la responsabilidad la tiene el régimen fascista alemán.
La Masacre de Katyn no había sido un acontecimiento único o excepcional. Fue una consecuencia de diferencias entre los regímenes políticos, la intención soviética de crear un estado gobernado por el ploretariado mundial y la hostilidad creciente entre la Rusia soviética y las autoridades polacas de anteguerra. Cuando debido a la victoria polaca en la guerra entre Polonia y Rusia bolchevica en 1920, la Unión Soviética tuvo que abandonar su idea de exportar la revolución al Oeste para muchos años y el mismo Stalin fue sometido a crítica por sus errores significantes cometidos en el frente polaco, las autoridades soviéticas consideraron su veciono occidental el enemigo principal. Durante la Gran Purga en los años 1937-1938, realizada con el fin de pacificar la rebelión antibolchevica latente en todo el territorio de Rusia, los soviéticos destruyeron con un encarnizamiento especial a los círculos polacos en su país. En aquel entonces habían sido matados con un balazo en la nuca más de 70 mil polacos (ciudadanos de la Unión Soviética). El diez por ciento de las víctimas de la Gran Purga tenían relaciones con Polonia. Fue en aquel entonces cuando la URSS elaboró la tecnología de exterminaciones masivas.
Cuando en septiembre 1939 Stalin, tras establecer la alianza con Hitler, atacó a Polonia invadida por los nazis, uno de sus propósitos fue destruir el estado polaco. Desde los primeros momentos de la agresión, los soviéticos aislaban consecuentemente (o asesinaban de una vez) a las personas consideradas representantes del grupo directivo del estado que se pretendía destruir, especialmente el cuerpo de oficiales de las fuerzas armadas. Se puede asumir que las autoridades soviéticas habían planeado de antemano la eliminación sistémica de los élites, de la misma manera que lo habían hecho los nazis en su parte del territorio ocupado en Polonia. En el caso de aquellos arrestados o prisioneros, las autoridades soviéticas nunca han aplicado o respetado las reglas del derecho internacional y por esto luego se obstinaron a divulgar su versión mentirosa.
Habiendo roto las relaciones con Polonia en 1943 y ocupado sus terrenos en los años 1944-1945, la Unión Soviética siguió controlando hasta los años 80 el país subordinado, administrado por gobiernos títere supeditados al imperio comunista. En aquel período las demandas de la verdad sobre Katyn fueron tratadas como un acto de hostilidad no sólo contra la URSS sino también contra la República Popular de Polonia. La Polonia de posquerra fue involucrada en el „negacionismo de Katyn"
Tras los cambios sistémicos en todo el bloque soviético (en los años 1989-1991), la necesidad de esclarecer la verdad sobre „Katyn" apareció también por parte de los rusos. Muchos rusos ayudaron en investigar la verdad sobre la masacre. En los años 1990-1992 se había revelado los documentos principales sobre Katyn, incluyendo la orden del Buró Político del del Comité Central de Partido Comunista de los Bolcheviques de 5 de marzo de 1940 firmado, entre otros, por Stalin. En agosto de 1993 el grupo de historiadores rusos preparó en Moscú un informe pericial exhaustivo que presentó honestamente el transcurso de la masacre y la historia de su negacionismo posterior.
Nunca se ha logrado juzgar a los culpables de esta crimen, aunque son conocidos los que tomaron la decisión para realizarlo y también más de cien ejecutores (se había divulgado la lista de los premiados por la acción llamada „descarga de los campos"). Sin embargo, la investigación llevada a cabo en Rusia fue suspendida y las autoridades rusas se niegan a comentar sobre el asunto. Nadie ha sido y ya no será condenado en relación con el homicidio.
La masacre fue conmemorada con tres cementerios edificados por los polacos: en Katyn, Miednoje y Kharkov, dónde cada uno de casi 15 mil prisioneros polacos está mencionado por su nombre. Esta huella material constituye una excepción entre muchos lugares de entierro anónimo masivo que han dejado las atrocidades del régimen soviético.
Zbigniew Gluza

Literatura extranjera:

Vladimir Abarinov, Katynskij labirint, Novosti, Moscú, 1991. ISBN: 5-7020-0374-8
Vladimir Abarinov, The murderers of Katyn, Hippocrene Books Inc, Nueva York, 1993. ISBN: 9-7818-0032-3
Ray Cowdery, Katyn: A Documentary Account of the Evidence, Victory WW2 Publishing Ltd., 1995. ISBN: 0910667438
Franz Kadell, Die Katyn-Lüge. Geschichte einer Manipulation. Fakten, Dokumente und Zeugen, Munich: Herbig, 1991. ISBN: 3776616768
Gerd Kaiser, Katyn: das Staatsverbrechen, das Staatsgeheimnis („Katyń - zbrodnia i tajemnica państwowa"), Berlín: Aufbau Taschenbuch, 2002. ISBN: 3746680786
Natalya S. Lebedeva, Katyn. Prestuplenie protiv chelovechstva, Moscú, Kultura 1994.
Wojciech Materski, Anna M. Cienciala, Natalia S. Lebedeva, Katyn: A Crime Without Punishment (Annals of Communism Series), Yale University Press, 2008. ISBN: 978-0300108514.
Allen Paul, Katyn: Stalin's Massacre and the Seeds of Polish Resurrection, US Naval Institute Press, 1996. ISBN-10: 1557506701 ISBN-13: 978-1557506702
Rudolf.G.Pikhoia, Natalya S. Lebedeva, Aleksander Gieysztor, Wojciech Materski et al. (ed.), Katyn. Plenniki nieob'iavlennoi voiny, Moscú, 1997. ISBN: 5 89511 002 9
George Sanford, Katyn and the Soviet Massacre of 1940. Truth, Justice and Memory, Basees/Routledge Series on Russian and East European Studies, Routledge, 2005. ISBN 13: 978-0-415-33873-8
http://katyncrime.pl


El Terror Rojo en Estonia


Estonia bajo el Terror Rojo

Por Fernando Díaz Villanueva 
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Cortesía de La Ilustración Liberal.

El 23 de agosto de 1939 los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y la Unión Soviética firmaron en Moscú un pacto para el reparto de la Europa del Este entre ambas naciones que, en el eufemístico lenguaje diplomático, se denominó "Tratado de No Agresión Germano-Soviético". El acuerdo, sellado entre abrazos y sonrisas una semana antes de que los soldados de la Wehrmacht irrumpiesen en el pasillo de Danzig, condenaba en primera instancia a Polonia, nación que debía desaparecer, y devolvía las fronteras orientales del continente al estado en que se encontraban antes de la I Guerra Mundial. Pero Polonia no era el único plato del festín: las porciones de Bielorrusia y Ucrania que habían quedado dentro de aquélla tras la paz de Versalles, Moldavia –que formaba parte de Rumania– y las jóvenes repúblicas bálticas –que habían accedido a la independencia tras una breve guerra contra el primer Gobierno bolchevique de Lenin– serían anexionadas a la URSS, sin que nada ni nadie pudiese impedirlo.


Mientras el mundo contemplaba absorto el resuelto avance del ejército alemán en Polonia y, sobre todo, en Francia, otra guerra, ignorada pero mucho más despiadada, empezaba al otro lado del río Memel, en los lejanos confines del Báltico oriental. El Ejército Rojo ocupó sin miramientos lo que los protocolos secretos del pacto con los nazis declaraban soviético. A excepción de Finlandia, que luchó y logró sobrevivir, una amplísima franja de terreno que iba de las costas de Estonia a las del Mar Negro fue absorbida por el gigante comunista.

Las autoridades de Estonia, con la esperanza puesta en que una rendición a tiempo ahorrara muerte y destrucción, ordenaron a los ciudadanos deponer las armas y franquear el paso al Ejército Rojo. Pensaban que, de este modo, sería relativamente sencillo llegar a un acuerdo con Stalin para que, al menos, concediese una cierta autonomía. En Moscú, sin embargo, los planes eran otros. Los dirigentes soviéticos sabían varias cosas que el inocente y apaciguador Gobierno de Tallin no había tenido en cuenta.

Estonia había formado parte del Imperio Ruso desde tiempos de Pedro el Grande, motivo suficiente para que, en el imaginario soviético, ese país fuese considerado parte irrenunciable de la recreación imperial a la que aspiraba el zar rojo. Además de eso, que era ya razón de sobra para anexionarse la antigua provincia, el tratado de Tartu, firmado en 1920 y garante de la independencia de la nación báltica, permitió a los estonios vivir al margen de la Revolución, que en sólo dos décadas había traído un rosario de desgracias a la parte del Imperio Ruso que los bolcheviques heredaron después de bajarse los pantalones ante Alemania en Brest-Litovsk. Había llegado la hora de revertir tal estado de cosas.

En Estonia, a diferencia de en otras regiones del Imperio, el comunismo no era sino una doctrina exótica practicada el vecino que, curiosamente, contaba con multitud de adeptos en Occidente. No se habían acometido nacionalizaciones, ni colectivizaciones agrícolas ni, naturalmente, purgas ideológicas y deportaciones, peculiaridades soviéticas que llevaron el dolor y el horror a tantos lugares. Alejados del infierno soviético, los estonios prosperaron en su corto periodo de independencia. Liberada del corsé zarista, Estonia había desarrollado una relevante clase de pequeños propietarios, al tiempo que su nueva moneda, la corona, ganaba estabilidad y reorientaba su comercio hacia Occidente. Valga como dato definitivo de la vocación de aquella primera república estonia el hecho de que en 1940 sólo el 3% de sus intercambios comerciales tenía por consocio a la Unión Soviética.
La deportación de junio 

Todo cambió a partir de junio de 1940, fecha en que se hizo efectiva la ocupación. Dos meses más tarde quedó establecida formalmente la República Socialista Soviética de Estonia.

La primera medida de los nuevos patronos enviados desde Moscú fue acometer una limpieza integral del tejido social. Se prepararon listas de "enemigos del pueblo", es decir, de gente que tenía que ser reeducada o, en el peor y más frecuente de los casos, eliminada físicamente. Aquellas listas –elaboradas en 1941– incluían a todos los miembros del anterior Gobierno, a todos los altos funcionarios, a todos los jueces, a la jerarquía militar al completo, a los miembros de los partidos políticos y de las organizaciones estudiantiles, a los oficiales de policía, a los representantes de empresas extranjeras y a todos aquellos que tuviesen alguna relación conocida con el extranjero, ya fueran aficionados a la filatelia, socios de la Cruz Roja o estudiantes de esperanto. En otros listados figuraban los empresarios y propietarios nacionales y el clero protestante en pleno, es decir, los fantasmas familiares del bolchevismo.

Estas categorías representaban aproximadamente un cuarto de la población total del país, que por aquel entonces rondaba el millón de personas. En la década de los 40, que fue testigo también de la ocupación nazi, todos los que pertenecían a las categorías referidas fueron encarcelados y deportados. Casi todos murieron víctima de las torturas, los pelotones de fusilamiento o el hambre.

Tras los soldados llegó la administración soviética. Durante el primer año de ocupación fueron detenidas y conducidas a la checa de Tallin unas 8.000 personas. Entre ellas figuraba el anterior Parlamento estonio al completo, el mismo que se había rendido en espera de un mejor trato. Todos los diputados, a excepción de uno, que logró escapar a Suecia, fueron ejecutados, se suicidaron o fueron internados en clínicas mentales, donde al poco fallecerían.

El procedimiento fue tan rápido que no hubo tiempo ni para ensayar una pantomima legal. Los sospechosos que sobrevivían a la checa salían de Tallin en dirección a unas casas de campo de las afueras de la ciudad, donde eran fusilados sin más dilación y enterrados en fosas comunes. Para ahorrar munición, los guardias soviéticos sólo efectuaban una carga. Esto ocasionó que muchos fuesen a la fosa aún con vida.

La profunda transformación social que exigía la recién nacida República Socialista Soviética de Estonia requería la liquidación del pequeño propietario de tierras, con independencia de si el campesino de turno vivía con lo justo y su propiedad se limitaba a una pequeña parcela y un pedazo de bosque. En junio de 1941, conforme a una directiva emitida por Andrei Zdhanov, enviado especial de Stalin al Báltico, comenzaron las deportaciones masivas de campesinos estonios a Siberia. El objetivo que perseguían las autoridades moscovitas con este tipo de acciones era doble: por un lado, fulminar a los pequeños propietarios que pudieran, en un momento dado, mostrarse reacios a las colectivización, y, por otro, ir dejando espacio para la rusificación de la zona.

La deportación, oficialmente llamada "evacuación forzosa", fue llevada a cabo por una troika (trío) compuesta por dos comisarios del pueblo: Boris Kumm (Seguridad) y Andrei Murro (Interior), y por el secretario general del Partido Comunista Estonio, Karl Säre. En la noche del 13 de junio, brigadas de oficiales soviéticos auxiliados por miembros del partido comunista tomaron pueblos y aldeas en todo el país. Cada brigada llevaba consigo una lista de evacuables, que debían ser sacados de sus casas a la fuerza y arrojados a vagones de ganado. Para evitar problemas de orden público y heroicidades de última hora, los afectados desconocían no ya su inclusión en las listas, sino la existencia misma de éstas. Casi 12.000 personas fueron deportadas en sólo una semana. Su destino eran los campos de trabajo siberianos. Más de la mitad murieron, una parte durante el viaje en tren, realizado en condiciones infrahumanas, y la otra a lo largo del primer invierno en Siberia.

Para la última semana de junio la sovietización de Estonia avanzaba de acuerdo a lo planeado. Sobrevino entonces algo que nadie, ni los desdichados estonios ni el Politburó moscovita, esperaba: en la madrugada del día 22, tres millones de soldados alemanes atravesaron la línea pactada en agosto del 39. En apenas dos semanas, el Ejército Rojo se vino abajo. Las divisiones soviéticas se rendían en masa o se batían en retirada como alma que lleva el diablo.
Entre nazis y soviéticos

La Operación Barbarroja, tal y como Hitler la había bautizado –en recuerdo del emperador Federico I–, se articulaba en tres grupos de ataque: el primero se dirigiría al sur, y su misión era conquistar Ucrania; el segundo, al centro, a Moscú, corazón del Imperio Rojo; el tercero, al mando del mariscal Ritter von Leeb, pondría rumbo al norte, para tomar Leningrado y, de paso, liberar las repúblicas bálticas.

La noticia de la invasión fue recibida en Estonia con esperanza. El 1 de julio las tropas alemanas se encontraban en Riga, lo que hacía presagiar que, a ese ritmo, Estonia sería conquistada en poco más de una semana. Desesperadas por una derrota absoluta que no terminaban de explicarse, las autoridades soviéticas tomaron la determinación de no retirarse sin antes destruir todo lo que pudieran.

Tal estrategia de tierra quemada, que más tarde adoptarían los alemanes en el sentido inverso de la invasión, se cebó con Estonia por ser ésta la república más septentrional. Para evitar que los nazis liberasen a los presos políticos en curso de depuración, los soviéticos emprendieron el asesinato masivo de reclusos. No hubo tiempo de torturas ni, en muchos casos, de enterrar los cadáveres. Apremiados por la cercanía de los alemanes, los soviéticos perpetraron matanzas sin nombre. En la prisión de Tartu liquidaron de una vez a 192 presos. Los cuerpos fueron arrojados a un par de fosas excavadas apresuradamente en el patio del penal; los que no cupieron fueron arrojados al pozo de la prisión.

Con todo, los fusilamientos en las cárceles no fueron más que el aperitivo de la desordenada y criminal retirada del Ejército Rojo. Al calor de la invasión alemana se habían formado en el campo partidas de guerrilleros que, bajo el nombre de Hermanos del Bosque, hostigaban a las tropas soviéticas y a los numerosos agentes de la Checa (NKDV) que fusilaban sumariamente a los jóvenes que se negaban a alistarse. Por orden directa de Stalin, se constituyeron batallones especiales cuyo único mandato era destruir lo que encontrasen y matar al mayor número de gente posible.

Las órdenes eran simples, y no imponían restricción alguna a los miembros del Ejército Rojo. Esto dio lugar a un sinnúmero de atrocidades y a la muerte de miles de inocentes, especialmente en los pueblos. Los soldados, dándolo todo por perdido, tiroteaban a la población civil y violaban, y posteriormente mutilaban, a las mujeres. Multitud de granjas y aldeas fueron incendiadas, y el asesinato a bayonetazos de menores de edad se convirtió en moneda corriente. A finales de agosto, en la última fase de la retirada, chequistas, soldados y miembros de los batallones disparaban a todo el que se les ponía a tiro.

El día 28 los alemanes entraron en Tallin, sobrecogida de tal manera por la violencia soviética que recibió a los nuevos amos como salvadores. La isla de Saaremaa permanecería bajo control soviético otros dos meses, durante los cuales el terror rojo se agudizó hasta extremos intolerables. El castillo de Kuressaare se transformó en una inmensa checa en la que los agentes de la NKDV dieron rienda suelta a sus instintos más bárbaros. Su especialidad era introducir las piernas de los sospechosos en agua hirviendo y, luego, arrancarles los ojos. Todo en nombre de una República Socialista que había dejado de existir.

El sufrimiento de los estonios no acabó con la llegada de los alemanes. Ni mucho menos. En su huida, los soviéticos habían alistado a la fuerza a 33.000 jóvenes, que desde ese momento pasaron a ser la carne de cañón del Ejército Rojo. Buena parte de ellos, unos 8.000, fueron declarados "no confiables" y enviados de inmediato al Gulag siberiano; el resto pasó a conformar el Cuerpo de Fusileros Estonios, masacrado en casi su totalidad durante esa "guerra patriótica" que no iba con ellos.

Para el año 1944 los alemanes habían perdido la guerra y se retiraban en desbandada hacia el sur. Viéndolas venir, muchos estonios abandonaron el país, buscando refugio en Suecia o Alemania, de donde más tarde hubieron de salir, con lo que conformaron la diáspora estonia. El resto, nuevamente presa de una inexplicable ingenuidad, concibieron la idea de que podrían recuperar la independencia formando milicias que llamasen la atención de los aliados occidentales. Nada de eso sucedió. En otoño de ese año la URSS se hizo de nuevo con el control del país: automáticamente, y esta vez sin componenda alguna, los soviéticos reemprendieron la labor que habían dejado a medio hacer tres años antes.

Entre 1944 y 1945 fueron enviados a Siberia 10.000 hombres. La práctica totalidad murió durante el primer año. Al año siguiente los deportados ascendieron a casi 14.000; por descontado, compartieron el destino de los compatriotas que les habían precedido. Estas primeras limpiezas tenían por objetivo principal a los varones jóvenes, más proclives a enredarse en guerrillas y ofrecer resistencia.
La deportación de marzo

Ahora bien, los jerarcas comunistas no tenían pensado dejar tranquilo al resto de la población. Entre 1947 y 1948, con la guerra ya terminada y el impenetrable Telón de Acero garantizado la impunidad soviética, se planificó cuidadosamente una deportación masiva de carácter étnico. El propósito no declarado era reorganizar demográficamente las repúblicas bálticas y ablandar a los que quedasen para que aceptaran sin rechistar la colectivización de la tierra.

En sólo tres días, casi 100.000 ciudadanos de Letonia, Lituania y Estonia fueron deportados a Siberia, en una operación sin precedentes. De Estonia salieron unos 20.000, aunque en origen se había planeado que fueran 30.000, o lo que es lo mismo, el 2,5% de la población. La deportación fue masiva y sin concesiones. Familias enteras tuvieron que subir a trenes destinados al transporte de ganado, sin más elección que abordar el vagón de turno o morir en el acto de un balazo. El deportado más joven era un bebé de un día de vida; el más mayor, una anciana de 95 años. Ambos murieron en Siberia.  

El destino de los deportados eran provincias lejanas en mitad de ningún sitio. Los más afortunados sobrevivieron cultivando aquellas tierras gélidas en improvisados koljoses donde la esperanza de vida se cifraba en meses. Los menos murieron de hambre y frío en los interminables trayectos ferroviarios, no muy diferentes a los que, años atrás, padecieron los judíos que acabaron en los campos nazis. A uno de los grupos, asentado en las cercanías de una base militar de la provincia de Omsk, le tocó ser el conejo de indias de las primeras pruebas nucleares soviéticas. La radiación ocasionó a los deportados enfermedades de todo tipo, abortos en mujeres embarazadas y malformaciones en los recién nacidos. Nadie se hizo cargo de aquel horror.

Las deportaciones continuaron hasta, más o menos, la muerte de Stalin, en 1953. Para entonces, unos 50.000 estonios, hombres, mujeres, niños y ancianos, habían sido arrestados y metidos en vagones camino del Gulag. Su único pecado fue ser estonios y dejarse atrapar por un Estado omnipotente para el que la vida y la dignidad humanas apenas tenían valor.

La deportación estaba en la naturaleza misma del régimen soviético, y los estonios fueron una minoría dentro de los movimientos forzosos de población que los dirigentes soviéticos llevaron a cabo durante años. Letones, lituanos, ucranianos, bielorrusos, georgianos, calmucos, chechenios… la lista es tan grande como la de nacionalidades que, bajo el yugo del PCUS, convivían en la Unión Soviética. El objetivo era controlar a la población y mantenerla acobardada. Para ese fin no había mejor receta que la del terror indiscriminado y arbitrario.

La suerte de los "enemigos del pueblo" deportados fue muy benigna en comparación con la de los enemigos declarados del Ejército Rojo, los Hermanos del Bosque. Los agentes de la Cheka barrieron durante años el medio rural, en busca de miembros y simpatizantes de una guerrilla que ya había desaparecido. Los métodos eran los habituales: torturas a los aldeanos y ejecuciones sumarias basadas en simples sospechas o en acusaciones secretas de terceros.

Entre las deportaciones y los fusilamientos, Estonia se sovietizó a una velocidad vertiginosa, la que los responsables del Partido Comunista pretendían imprimir desde el mismo momento en que el primer soldado del Ejército Rojo cruzó la frontera, en 1940. El miedo cerval al Estado y a las consecuencias que se derivarían de poner en cuestión el sistema quedó instalado en la mentalidad del pueblo. La calma que sucedió a la primera década de asesinatos y persecuciones no era más que una fina película, bajo la cual latía una mezcla de recelo mutuo. En la Unión Soviética todos desconfiaban de todos, y ésa era la argamasa que unía por fuera a una sociedad quebrada por dentro.

La desestalinización de tiempos de Jrushchov suavizó las formas pero no el fondo de un régimen enfermo. Los supervivientes de las deportaciones de marzo solicitaron permiso para volver a Estonia. Muchos lo consiguieron, pero al volver se encontraron con que su país ya no era su país. Y es que los estonios enviados a Siberia habían sido reemplazados por rusos, bielorrusos y ucranianos, invitados a asentarse en pueblos que, una década antes, estaban habitados exclusivamente por estonios. A esto se sumaba el estigma social que pesaba sobre los deportados, convertidos en ciudadanos de segunda y sometidos a vigilancia continua por parte de la policía.

En 1989 los estonios representaban sólo el 60% de la población de Estonia, un 35% menos que en 1945. Del millón de habitantes con que contaba el país al comenzar la dominación soviética, cerca de 180.000 perdieron la vida durante la misma y a causa de la misma. Esto equivale a un 17% de la población. En la España de hoy estaríamos hablando de 7 millones de personas. ¿Lo soportaríamos?

A diferencia de la Alemania Federal de posguerra, que asumió la responsabilidad de los crímenes nazis pagando por y haciéndose cargo de ellos, ningún Gobierno ruso se ha disculpado u ofrecido facilidades para investigar el Terror Rojo y llevar a los culpables que queden con vida ante la Justicia. Las varas de medir para los genocidios de las dos grandes tiranías del siglo XX siguen siendo muy distintas.


Liberalismo.org

Estas son las mierdas que según la historia oficial liberaron a Europa.

El Gran Legado del comunismo el Letonia

EL GENOCIDIO DEL PUEBLO LETÓN A MANOS DE LOS CARNICEROS COMUNISTAS



















En la fotografía de arriba a la izquierda el sastre letón Voldemars Janelis antes de la invasión estalinista a Letonia, la segunda imagen al ser secuestrado por la policía secreta de la URSS, cuando Letonia fue invadida por el Ejercito Rojo.
Y la tercera fotografía es el de su cadáver, luego de ser torturado salvajemente por los carniceros comunistas de la NKVD hasta morir.




¿Cual fue su pecado para que lo mataran los comunistas?, ¿ser fascista?, ¿ser un aristócrata?, ¿ser un burgués multimillonario?
No, solo por ser un modesto sastre fue detenido y asesinado por estos sádicos malditos.
Que Dios lo tenga en su gloria, y a sus asesinos en el infierno.






El número de deportados en ese pequeño país ascendió a cincuenta mil, de los que, al cabo de seis años regresaron, procedentes del Mar Blanco, unos 2.500. Los muertos pasaron de treinta mil.

Mutilaciones rituales, quemaduras, tiros en la nuca, miembros amputados...así liberaban los comunistas al pueblo letón. Sacerdotes, profesores, médicos, oficiales...pero también zapateros, granjeros, albañiles...

¿Era realmente la clase social lo que se perseguía o era otra cosa...algo que hoy es tabú decir?











¡¡¡NUNCA MÁS, QUE NO NOS LLEVEN NUNCA MÁS INDEFENSOS AL MATADERO!!!











Sumidero para la sangre, en una esquina de la sala de torturas y ejecuciones en Riga, Letonia











Los pasillos del terror comunista en Letonia









































Víctimas letonas de esos locos sedientos de sangre "burguesa", de esos matarifes malditos de Dios

¿Qué torturas les infligieron esos sádicos psicópatas comunistas? En Letonia...pero también en Hungría, Lituania, Polonia, Rusia, España, China, Camboya, Cuba, Angola, Afganistán, Alemania, Francia, Italia...

¿Son los mismos sádicos que torturan en Palestina, Iraq...?